" Ahora que soy padre, veo pila de cosas" Enólogo. Daniel Cis

13.11.2020

                                 

Los viñedos en Carmelo son tan antiguos como la religión católica. En 1700 aproximadamente, llegaron los Jesuitas a Carmelo, provenientes de España y de Misiones, Argentina; a comunicar la palabra de Dios. Parecía ser, que para acceder a la salvación del alma; había que predicar tres sagrados votos canónicos: obediencia, pobreza, y castidad.

Que difícil habrá sido, para el pueblo católico, comulgar con la represión de los instintos humanos; pues en la construcción de quienes somos, la religión en una comunidad; es un bloque fundamental. Y en varias experiencias de nuestra vida, lo que está diplomáticamente correcto para el entorno, no lo es, para nuestro interior.

Daniel Cis nació en Carmelo, Colonia, es hijo de Gladys y Julio. Daniel heredó la vocación de enólogo; con el peso que puede resultar las herencias familiares; él, estuvo dispuesto a adquirir, las tradiciones de sus progenitores.

Julio Cis, el papá de Daniel, es el menor de cuatro hermanos. La profesión de mecánico que había sentido como vocación, quedó en pausa, cuando sin lugar a otra opción; tuvo que tomar las riendas de la Bodega y Granja Villa Teresa que su papá Rodolfo tenia.

Rodolfo, falleció de un infarto agudo de miocardio a los 40 años. Murió 6 meses después que falleciera su hijo mayor de cáncer. De acuerdo a lo que relata Daniel, la tristeza fue el motivo que causó la muerte de su abuelo.

Para la época, se valoraba la represión de los sentimientos; llorar, demostrar enojo, rabia o quizás tristeza, era síntoma y signo de debilidad. La fragilidad nos acerca a percibirnos y quizás, en ese momento cultural y social, hacer contacto con los diferentes estados de ánimo que el cuerpo experimenta, era un signo de flaqueza.

Los hermanos de Julio Cis, ya se solventaban de sus oficios y Julio, tenía que seguir por ese camino.

Sin latirle el corazón a primera vista por lo que su papá Rodolfo hacía, la viña con sus aromas y sabores lo fue enamorando, esas vivencias fueron tan intensas; que despertó a primera vista la pasión de Daniel por el viñedo.

Daniel describe a Gladys, su mamá y a Julio su papá, como personas muy trabajadoras; intensamente involucradas en las tareas de la viña, hasta desaparecer a veces, y ser parte del viñedo. Julio tuvo que escuchar a expertos de enología para poder convertirse él, en persona calificada y diestra de sus propias uvas.

Gladys, una mujer empoderada de la vida doméstica, y de la contabilidad del viñedo. Una administradora de los recursos materiales y también emocionales, ella sostenía los vaivenes que sentía Daniel, cuando Julio no mostraba el calor afectivo que sentía por sus hijos.

Daniel, relata que su papá le encanta recibir mimos de sus hijos y también de sus nietos, pero le resulta difícil expresar lo que siente.

Explica, que durante la infancia de su padre, había que pedir permiso para hablar, utilizar el pronombre de usted para comunicarse con sus papás y llorar en silencio, casi sin ser visto. Pero las emociones, no piden permiso.

Nuestro sistema sensitivo esta preparado para recibir estímulos, transformarlos y generar una respuesta. Gracias a esta poderosa capacidad que tenemos, podemos ver; oler, degustar, tactar y escuchar. Pero nos ha costado, vernos, olernos, tocarnos, degustarnos y escucharnos.

Los días domingos, Daniel no podía mostrarles las destrezas y hazañas que hacía con la pelota de fútbol; sus papás tenían que cumplir con la misa de los domingos.

Gladys y Julio son muy responsables de las obligaciones que ellos creen y sienten, la fragilidad que Daniel subraya de sus papás en su infancia, es también la cara de la fortaleza. Dualidad insustituible, para que él decida, convertirse en enólogo.

Luego de terminar la secundaria, se fue a Las Piedras a realizar la tecnicatura en enología. Con el titulo en mano, viajó al Sur de Francia para vivir y ver otras realidades. Siempre con el deseo de volver y cumplir su sueño: trabajar en la Bodega Irurtia. Cuando volvió cumplió su sueño.

" Veía los viñedos preciosos de Dante Irurtia", lo que veía Daniel en Carmelo, era un lugar precioso para continuar cerca de sus padres, pero a la vez; para separarse y conocer nuevos maestros.

Los padres le enseñaron a su estilo, "con la teoría vieja" dice Daniel, a cuidarse y protegerse, para cuando llegue a convertirse en adulto, sea él quién cuide, de su niño interior.

Todo este proceso de separación, no es sencillo; pues como padres entramos en contradicción.

Dante Irurtia y Julio Cis tenían un vínculo de amistad, de esos parecidos a la hermandad, y como tal despertó en Julio; cierta rivalidad fraterna, cuando Daniel se fue a trabajar con Dante. Celos genuinos y necesarios como parte del proceso de dejar ir y de sentir orgullo por su hijo emprendedor.

Pero las contradicciones, no son sólo de un lado, para Daniel también fue un desafío abrir puertas. Su timidez de la infancia, fue rescatada por la rebeldía de la adolescencia.

Su hermana Teresa, 10 años más grande, le mostró a Daniel que la adolescencia es el mejor momento para la revolución. Había que aprovechar el motín hormonal para comprar nuestros deseos.

Teresa en bici pedaleaba para convertirse en maestra habilitada. Sin saberlo ya estaba ejerciendo y enseñando a su hermano Daniel, que hay que ir a buscar lo que ya está dentro nuestro, y que necesita de nosotros para proyectarlo al exterior.

Daniel, asumió la responsabilidad de trabajar en la Bodega Irurtia. Estuvo a cargo de vendimias y de las 300 personas que colaboraban con la tarea. Las jornadas en la viña, eran extensas y agotadoras, los roces entre Daniel y el equipo de trabajo, le permitieron a Daniel adquirir y aprender nuevas habilidades para vincularse. Por ejemplo: Ser paciente.

La paciencia en Daniel, es una virtud que la conoció antes de nacer.

Gladys, su mamá, a los 3 meses de embarazo; rompió bolsa y tuvo que hacer reposo absoluto durante el resto del embarazo. La paciencia de Gladys fue inmensa, no sólo por el reposo; sino porque tuvo que tolerar frases de seres llamados queridos, que pronosticaban un final trágico para la vida Daniel. Nació pretérmino, decidió terminar afuera, lo que no se pudo cumplir adentro.

Daniel, está casado con Ana Laura, su primera cita fue hace 15 años en el camposanto, dormitorio o cementerio, llamado en nuestra sociedad.

El sinónimo de dormitorio, se debe a que en la creencia cristiana, las personas sin vida dormían hasta la resurrección. Entre Daniel y Ana Laura no hubo mejor punto de encuentro, pues a partir de ahí; ambos renacen para contraer un nuevo rol y se eligen para transitar el camino que cada uno tiene, juntos.

Daniel describe a Ana Laura como una mujer sana, fuerte y madura. Da la impresión que para lograr ser sano, fuerte y maduro hay que transformar los votos canónicos que uno heredó. Transformar, requiere aceptar la fragilidades de la esencia humana y hacerlas consciente.

El problema no es desobedecer, la dificultad esta en no aceptar la rebeldía; el caos interno nos tiene que atravesar para poder reconocernos como humanos y sentirnos dioses desde ese lugar.

Francesco, el hijo de ambos corrió en auto por el universo y ganó la carrera para poder elegir a sus padres. Daniel y Ana Laura dichosos del trayecto que recorrió, le pusieron Francesco.

Este nombre le hace honor a Francesco Bernoulli, el auto de la película de Cars2 que a través de la animación en imágenes, logró estimular las fibras ópticas de Daniel y Ana Laura que conectadas al corazón, impulsó la idea y el deseo del nombre Fransceco.

" Fran tiene un alma muy especial, con mucho brillo, levanta a cualquiera" dice Daniel sobre su hijo. Tengo la certeza que es cierto, no conozco a Fransceco, pero cuando Daniel habla de él, endereza su postura para expresar lo que siente por su hijo, abre sus ojos y sonríe a través de ellos.

Daniel, adora este nuevo rol como padre, participa de todas las actividades en la que Francsesco realiza, e integra la comisión de fomento del colegio, " quiero estar cerca de él".

Para estar cerca de lo que amamos, antes; nos acercamos y nos queremos a nosotros, como somos, con lo que sentimos, aceptando los brillos y las fragilidades que tenemos.

Daniel trabaja desde el año 2015 en la Bodega Campotinto. Al mismo tiempo ha trabajado para múltiples bodegas reconocidas. " Si vuelvo a elegir, elegiría esto de vuelta, son trabajos muy variados que me permiten estar cerca de mi casa".

Hoy, continúa apoyando a sus padres en la Bodega Cis llamada actualmente; donde también trabajan sus hermanos, Julio y Rodolfo.

" Nunca sobró nada en casa, mis padres hacían un ocho para conseguir las cosas, bancarme los pasajes a Las Piedras, los alquileres, estoy súper agradecido, y mientras pueda, no quiero que les falte nada".

La pasión en esta historia se construye. No fue espontánea en el papá de Daniel, cuando tuvo que ocuparse del viñedo. Aprendió a construir la vehemencia por la viña, obedeciendo reglas y soltando intereses personales. La oblación consciente, es la pasión que vio Daniel en sus padres y que hoy los venera en actos y en palabras. Los Jesuitas, tenían razón, para acceder a la divinidad; hay que transitar la esencia humana.